| IMPRESIONES
DE UN PERRO CALLEJERO
por Patricia Rodríguez
La vida en la calle es muy dura, llena de peligros y de sufrimientos.
Allí nadie me quiere, todas las personas pasan junto a mí
y me espantan o amenazan y lo que es peor, me ignoran... su vida llena
de ocupaciones no les permite abrir sus corazones y percibir mi tristeza,
mi desamparo, los veo y sé que sus corazones son de piedra.
Si tan solo
se tomaran un minuto para mirarme verían a través de mis
ojos la gran soledad que siento, oirían a mi alma de perro que
grita pidiéndoles ayuda y entenderían a mi espíritu
que se revela ante tanta indiferencia y se pregunta: ¿No
es acaso el mundo para todos? ¿No es nuestro hogar y debemos compartirlo
y disfrutarlo juntos?
Y
es allí donde mis ojos se llenan de lágrimas ¡también
los perros lloramos!
Soy joven y pertenezco a la calle donde nací y crecí y al
verme indefensa me arrimé a otra perra mayor que yo; ¡No
se si algún lazo sanguíneo nos una, pero si uno de afecto!
De ese afecto que jamás he visto en los hombres ¿serán
todos así tan duros e indiferentes? ¿acaso no saben amar?
No tengo eso que ellos llaman raza y menos aún pedigree,
se refieren a mí llamándome “mestiza” o incluso
“corriente” y no entiendo porque me miran con desprecio, al
fin y al cabo soy también un perro con cuatro patas, cabeza, cola,
buena dentadura y mucho pelo; además yo si sé amar con lealtad,
fidelidad y cariño desinteresado ¿no
será acaso que yo tengo el pedigree en mi corazón y ellos
lo “mestizo” en el suyo?
Vagabundeo sin rumbo fijo... me alimento de lo que encuentro o de lo que
por lástima me ofrece alguien ¡Qué triste inspirar
solo compasión!... No tengo donde refugiarme de las inclemencias
del clima y estoy sucia y llena de pulgas.
Y así vivo... y veo pasar los años triste... muy triste.
No creo que este sea mi propósito en la tierra... Me hubiera gustado
tener un amo y darle lo mejor de mi vida...
Un día se acerca a mí una persona, como tantas que he visto
pasar de largo, pero a diferencia de las otras se detiene
¡Creo que me ha visto a los ojos! ¡Ella sí!
Quisiera
decirle tantas cosas... pero no puedo... lamentablemente no sé
hablar y mi rabo ya no se mueve expresando mi emoción, demasiados
años de abandono... y luego la veo irse... ¿Fue tan solo
una ilusión? ¡Que momento mágico sentí cuando
creí haber encontrado a alguien que se preocupara por mi! ¿Acaso
estaba soñando y un ángel bajó para acompañarme?
Y antes de que pudiera darme cuenta ¡Ese
ángel que creí imaginar y que era una persona ya estaba
de regreso y me llevaba sujeta con una correa!
A
partir de ese momento mi vida cambió...
Ahora estoy limpia y hasta me siento hermosa...
Ahora me alimento bien y hasta me siento llena de vitalidad...
Ahora tengo un techo para dormir y hasta puedo soñar por las noches...
Lo llaman pensión... allí estoy tan solo veinticinco días
y me recupero rápidamente.
La persona
que me rescató, me viene a visitar y me llena de alegría,
de bondad, de cariño, me abraza y pasa delicadamente su mano sobre
mi cabeza acariciándome, aceptándome, amándome como
soy.
Me saca a pasear, se ríe conmigo, me enseña que las manos
fueron creadas para dar afecto y no para golpear y que la boca fue creada
para dar aliento y esperanza y no para insultar y humillar. Me llena de
atenciones y me hace sentir muy dichosa.
Ahora vivo gracias a ella en un hogar provisional, donde por fortuna me
cuidan y atienden y donde me quieren y me miman.
Y es entonces
cuando me pregunto con insistencia...porque ella es diferente a los demás?
Hoy lucha
por conseguirme mi sueño más anhelado...tener una familia,
para ser amada, para pertencer a alguien!
para ser feliz...y sé que no parará hasta conseguirlo
Hoy por fin sé porque ella es diferente,
ahora lo sé...
Ella no tiene el corazón de piedra...
Lo tiene de oro.
Gracias por siempre.
Alegría, antes Pepis
si
quieres ayudar a un perrito como Alegría a tener una vida mejor,
comunicate con nosotros al 04455-2845-0963 o visita
la sección de Patrocina un perro enfermo
o al escribe al correo patrocina@adoptaunamigo.org |