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MI BALI

Ella es Bali, una pastor alemán de 10 años, aproximadamente. Desde niña siempre he tenido mascotas (canario, tortuga, peces, pajaritos de la calle-mi mamá los criaba hasta que pudieran volar-, pericos australianos); hasta mis 21 años viví en un departamento, así que cuando nos mudamos a una casa mis hermanos y yo logramos convencer a mis papás de tener un perro. Me tocó la tarea de buscarlo.

En un principio todos pensábamos en un macho, que un salchicha, un doberman, un pastor inglés,…

Un buen día de junio le dije a la “tía” de Bali, Claudia, que andaba buscando un perro, ella me contó que había encontrado en la calle una perrita pastor (ya adulta, 2 ó 3 años), por Ecatepec, que estaba muy débil y que el veterinario le había dicho que no se hiciera muchas ilusiones, aun así ella la alimentó y cuidó por dos semanas. Cerramos el trato y nos quedamos de ver en el Parque Hundido (Insurgentes) para que la llevara a casa.

Cuando, ese 3 de julio, la vi correr hacia mí, cuando la llamé por su nombre (se lo puso su tía), la amé; aun estaba en los huesos, pero llegó a un hogar donde se le amó desde el principio. Mi mamá y mi hermano Javier le construyeron su casa (un poco chueca), mi hermano Rodrigo se convirtió en su oponente en las batallas (tiene una gran cicatriz en la espalda y múltiples en los brazos, que lo prueban) y mi papá en su admirador y adulador (le dice “bonita y flaca”). No nos costó educarla, decirle donde tenía el baño (comprobado, las hembras son más limpias), su casa (se adueñó de todo el lugar), de que somos su familia.

Ella tiene otro hermano, Paco, un cotorro, también adoptado, que sospechamos lo maltrataron mucho, le tenía miedo a las escobas. No le demuestra mucho cariño (cuando llegó Bali a casa le picó su nariz, conserva una cicatriz), pero cuando ha estado ausente por motivos de salud, la extraña.

Bali ha tenido varios médicos, pero en un hospital en CU (Banfield), no sólo ha encontrado médicos, ha encontrado amigos. Ahí le diagnosticaron un tumor benigno, todo salió bien.

Ahora está en tratamiento de acupuntura por una displasia de cadera que tiene, tal vez los años que no estuvo conmigo se la causaron. Viaja en auto dos veces por semana, sé que no le gusta ir (utilizó de baño mi carro y llora mucho), pero tengo fe en que entienda que es por su bien. Agradezco a Dios el que me la haya enviado, que sea una de mis razones para vivir.

Cuando piensen en adoptar una mascota, ojalá sea animalito callejero, adulto y hembra. No lo duden.