| MI BALI
En un principio todos pensábamos en un macho, que un salchicha, un doberman, un pastor inglés,… Un buen día de junio le dije a la “tía” de Bali, Claudia, que andaba buscando un perro, ella me contó que había encontrado en la calle una perrita pastor (ya adulta, 2 ó 3 años), por Ecatepec, que estaba muy débil y que el veterinario le había dicho que no se hiciera muchas ilusiones, aun así ella la alimentó y cuidó por dos semanas. Cerramos el trato y nos quedamos de ver en el Parque Hundido (Insurgentes) para que la llevara a casa. Cuando, ese 3 de julio, la vi correr hacia mí, cuando la llamé por su nombre (se lo puso su tía), la amé; aun estaba en los huesos, pero llegó a un hogar donde se le amó desde el principio. Mi mamá y mi hermano Javier le construyeron su casa (un poco chueca), mi hermano Rodrigo se convirtió en su oponente en las batallas (tiene una gran cicatriz en la espalda y múltiples en los brazos, que lo prueban) y mi papá en su admirador y adulador (le dice “bonita y flaca”). No nos costó educarla, decirle donde tenía el baño (comprobado, las hembras son más limpias), su casa (se adueñó de todo el lugar), de que somos su familia. Ella tiene otro hermano, Paco, un cotorro, también adoptado, que sospechamos lo maltrataron mucho, le tenía miedo a las escobas. No le demuestra mucho cariño (cuando llegó Bali a casa le picó su nariz, conserva una cicatriz), pero cuando ha estado ausente por motivos de salud, la extraña.
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