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TESTIMONIO por Blanca Téllez Girón

Siempre me gustaron los animales en especial los perros, creo que por herencia de mi papá que también era amante de las mascotas, recuerdo haber tenido varios perros en diferentes épocas y todos se llamaban, Dan Dan. así tuvimos cinco Dan Dans, que pasaron por mi vida y me hicieron muy feliz, ninguno fue de raza y el último me lo regalaron cuando tenia 9 años, duró con nosotros catorce y hasta le compuse una canción, era un perro criollo blanco con negro, divino, mi hermana y yo lo adorábamos, estuvo a nuestro lado en la niñez y adolescencia, cuando era anciano uno vez se perdió, desesperada organice una búsqueda en toda la colonia, mi pobre perro estaba echado junto a un montón de basura, listo para morir de tristeza, cuando lo abrace revivo de nuevo y estuvo con nosotros un año más, mis amigos me decía mi perro vivía sólo por amor, porque él sabía que al irse causaría un gran dolor entre nosotros, y así fue, cuando murió Dan Dan estuve muy triste durante mucho tiempo, sólo el recuerdo de que fue un perro feliz y que vivió mucho tiempo, nos hizo sentir mejor.

Mi mamá nunca ha sido muy afecta a los perros pero los aceptó siempre y los trató muy bien por nosotros, cuando murió el último Dan Dan lloró y dijo que no quería volver a tener perros en casa. Tiempo después, una amiga me regaló una pequeña cocker de dos meses preciosa, y con miles de argumentos convencí a mi mamá de quedarnos con Samantha ese fue su nombre y durante nueve años, nos lleno de felicidad, era una perrita muy consentida y dulce, muchos me decían que ella no sentía una mascota sino una niña, era la adoración de mi hermana, mi mamá aunque renuente al principio también la quería mucho. Una vez me enferme de tifoidea, estuve tres semanas en cama, además del dolor físico, tenia una gran depresión emocional, me sentía muy sola a pesar de que mi familia me rodeaba de cuidados, sin embargo, todos tenían cosas que hacer y no siempre podían estar pegados a mi cama, solo hubo alguien que no se separó un instante de mí, día y noche estuvo a mi lado, esa fue Samantha, su presencia y gran cariño me lleno de entusiasmo y me ayudo a recuperarme pronto, nunca olvidare que cuando estaba triste ella secaba mis lagrimas, pasaba horas lamiendo mis pies o mis manos, ella estuvo presente en todas las fotos familiares, fue compañera inseparable de mi abuela, quien la adoraba y al morir no dejo de recordarla.

Una noche de agosto estaba dormida cuando mi madre me despertó angustiada, me dijo "algo le pasa a Samantha" Corrí hasta donde estaba, mi nena se estaba convulsionando , la tome entre mis brazos desesperada la lleve al coche, y salimos a buscar ayuda, mi mamá sostenía a Samanthita, yo manejaba como autómata y lloraba en silencio, llegamos con su veterinario y nadie nos abrió, fuimos a dos veterinarios mas y nada, era de madrugada , en mi angustia fui a una clinica medica y le dije al doctor que por favor salvara a Samantha, el sonrió irónicamente y cuando por fin se digno a revisarla, Samantha ya había muerto. Esa noche la pase abrazada al cuerpecito de mi perra.

Al día siguiente llegó toda la familia a despedirla, y la llevamos a cremar el adiós fue muy triste, habíamos perdido a un ser de verdad muy querido, durante semanas llore por ella y sentí su presencia por toda la casa, mi mamá estaba desolada no dejaba de preguntar porque se había ido así.

De esta manera llegue a Adopta Un Amigo, donde las palabras de Alejandra Vega me consolaran y me dieron un esperanza al asegurarme que el cariño que yo le había tenido a Samantha me demostraba que podía amar y cuidar a otros perros que necesitaban de ayuda. Fuimos al Refugio Franciscano, de Ita Osorno. La verdad es que quedé impresionada, había cientos de perros de todos lo tamaños y tipos por imaginar, pero lo más increíble es que todos, absolutamente todos eran súper cariñosos y les daba una alegría impresionante ver a quien los fuera a visitar, fue una experiencia fuerte y maravillosa, me conscientizó de cuántos perros son abandonados en esta ciudad, me contaron terribles historias, de mascotas que mueren de pena cuando sus dueños los echan a la calle o los llevan al refugio con cualquier pretexto, me pareció tan irónico el saber que mientras yo estaba muy triste por la ausencia de mi perrita, había gente capaz de abandonar a un ser indefenso y amoroso. No tienen idea del daño que les hacen, y aunque dicen que de amor nadie se muere, les puedo asegurar que ellos si son capaces de morir de amor, si no estamos a su lado.

En la página de Internet de Adopta Un Amigo, encontré los patrocinios a los perros enfermos, allí vi a Gigi, una cocker esquelética que estaba muy enferma pero sobre todo deprimida, supe que había sido abandonada por sus dueños y que de la pena se estaba dejando morir, Gigi se parecía mucho a Samantha y al principio fue por eso que la quise conocer, fui a verla al refugio, pero desgraciadamente Gigi había pescado neumonía y estaba muy mal, era muy linda pero un costalito de huesos, en esas circunstancias no podía hacerme cargo de ella principalmente porque no soportaría que se muriera otra mascota, además mi madre estaba muy deprimida y si llevaba a esa perrita en esas condiciones solo lograría aumentar su dolor, abrace a Gigi y casi sin esperanza le prometí regresar por ella en cuanto venciera a la neumonía, aunque sinceramente pensé que no resistiría, en ese momento oí unos ladridos en una jaula cercana, era Rufi otro cocker que acababa de llegar al refugio, estaba muy angustiado sus grandes ojos reflejaban miedo y desconcierto y a pesar de que en el refugio lo trataban muy bien, estaba estresado y triste hasta pasó varios días sin comer.

Otra vez con miles de argumentos convencí a mi mamá de adoptar a Rufi, el perro se adaptó muy bien, tuvimos que darle mucho amor y tenerle paciencia al principio, pero muy pronto se encariño con nosotros y viceversa, dos semanas después Gigi estaba en convalecencia así que cumpliendo con mi promesa la adopte también. Gigi estaba muy delgada y casi no tenia pelo, cuando veían juntos a mis dos perros me decían que Rufi era hermoso y Gigi no, pero yo los quería igual a los dos, con el tiempo la perrita se ha recuperado totalmente, le damos mucho cariño y comida, ella ha recobrado la confianza en la gente, ahora esta preciosa y se ve feliz con su compañero. Ambos se han hecho muy amigos y se quieren mucho, mi casa se ha llenado otra vez de alegría, y aunque no olvidamos a Samantha y el dolor que nos causó su muerte, también creo que gracias a su recuerdo soy una mejor persona, más consciente con mi responsabilidad de ayudar a estos seres inocentes e indefensos.

También gracias a ellos, me siento muy bien, rodeada de su cariño y agradecimiento, cuando los veo tan felices y pienso en el destino que pudieron tener sin la ayuda del refugio, me lleno de tristeza y coraje por el daño que les hicieron sus ex dueños. No me importa que cuando mueran me vuelva a sentir desolada, vale la pena inspirar un amor tan grande e incondicional como el que brinda un animalito, ellos son parte de mi familia y también de mi vida.

Si quieres ayudar a perritos enfermos a recobrar la salud y la confianza, por favor comunicate con Alejandra Vega al 04455-2845-0963 o al correo patrocina@adoptaunamigo.org