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CUANDO LUCHITA ME ADOPTÓ por Alejandra Pardo

Afuera hace frío, así que trato de acomodarme en el sillón bajo una gruesa chamarra y agradezco que mis pies no estén congelados. Sí, en realidad no tengo frío, ya que justo ahí, echada a mis pies, está una perrita peluda y muy, muy calientita. Esta época invernal es una época de amigos, así que pienso...¿quién puede dar tanto cariño leal y desinteresado?, ¿quién puede saludarte con un gusto inmenso siempre que llegas a casa, sin importar si te fué bien o mal?¿Quién cree siempre que eres un héroe, que eres lo mejor que existe? Aún si estás cansado, o enojado, si tuviste un muy mal día, si no te ves como en tus mejores momentos; ¿quién en esas circunstancias te demostrará su apoyo, su compañía y su gran amor por tí? Tu perro.

Me levanto para preparame una taza de café humeante, y me siguen un par de ojitos atentos. ¡Qué mirada tan dulce!. Esos ojos muestran una gran fidelidad, una nobleza eterna. Imagina...¿qué es lo que siempre has podido querer en una mascota? Que sea educada, que sea muy cariñosa, que no haga travesuras, que te cuide, y que día a día duermas con la seguridad de que su amor es tan grande, que podría dar su vida por tí, ¿no es así?. Camino y regreso a mi sillón, ella viene detrás. Con paso lento, pero firme, digno, casi venerable, regresa a su posición junto a mí. La acaricio, su pelo es suave y ella me regresa la caricia con una sutil lamida. Sigue mirándome...¿acaso no me pierde la mirada? Escucha algo, levanta las orejas...y sigue tranquila. No hace ruido, no da molestias, ¡es tan quieta!. ¿Será una perrita real o acaso es que he dejado que mi imaginación divague demasiado? Pero es verdad, ella es real. Es la perrita ideal, que cualquier persona desearía, una gran compañera, una gran amiga. ¿Qué más puede pedirse? ¿Verdad que es perfecta? Pues no, no lo es, tiene un gran defecto...un defecto terrible...no contó con un dueño responsable, que supiera apreciarla, y tuvo que pasar sus días abandonada en la calle. ¡¡¡¿¿¿Culpable?!!! No, no podría serlo. Más bien es una víctima de la negligencia humana, de la irresponsabilidad, de la falta de cariño y cuidado.

Volteo a verla, le sonrío, y me mueve lentamente su cola. Cualquiera creería que ha vivido todos sus días conmigo, pero en realidad, desconozco casi todo su pasado. No me importa y creo que a ella le preocupa aún menos. Sigue viéndome con sus ojillos sabios y chispeantes. No tiene pocos años encima, y quién sabe qué penurias ha pasado. Le acerco una galletita, ella me mira, la huele, la toma con la mayor suavidad que le permite su hociquito canino, y la disfruta como sólo puede hacerlo alguien que sabe lo que es pasar hambre.

Déjenme presentarme. Yo soy Alejandra...y ella es Luchita. Soy bióloga, especialista en etología canina y entrenadora. Me declaro una verdadera amante de los animales y dedico todos mis días a ellos. Claro, tengo varias mascotas...de hecho tengo MUCHAS mascotas. Hace un mes tenía ya 13 perros...Sí, ¡13 perros!. Sé que la mayoría de las personas que lean mi mensaje ni siquiera podrán imaginarse lo que es vivir con tantos perros. Ellos son mis amigos, mis cuidadores, mis alumnos (¡ y también mis maestros!), mis compañeros, mis guardaespaldas, mis paños de lágrimas y en realidad son como mis hijos. Traten de imaginar un día rodeado de tantos animales. Yo me despierto con perros, desayuno con perros, tengo perros sobre mis piernas mientras reviso mi correo electrónico, acaricio perros mientras me arreglo y visto. Mis perros me acompañan en el coche, y también me siguen mientras trabajo. Están a veces conmigo mientras doy clases, o juego con ellos poco después. Vienen conmigo a los paseos y duermen conmigo en mi cama. ¡Nunca estoy sola! Mis perros abarcan todos los estilos y razas, desde cachorritos de un kilo, hasta mi "pequeño" cachorro de gran danés. Convivo además con otros 2 perros de mi familia, con la gatita consentida de mi papá, y con un puñado de aves que alegran mis mañanas cantando (¡o gritando!).

Tener tantos animales en casa es una GRAN responsabilidad. No sólo es importante alimentarlos y encargarse de que tengan agua, techo y un lugar donde dormir. Sino que cada uno necesita un tiempo individual con su dueño, requieren de paseos, cepillados, baños, entrenamiento, juegos y socialización. Necesitan muchos cariños y cuidados, muchas salidas a la calle... y una buena cuenta de gastos veterinarios.

¿Buscaba yo tener un perro más? En realidad no. ¿Quién necesitaría otro? Pero creo firmemente que todos los seres vivos tenemos un destino, perros o humanos. Así que un día pasó lo que tenía que pasar.

Estaba platicando con mi amiga María Teresa Amador, una gran persona que a su vez tiene casi una veintena de mascotas, entre perros y gatos, en su vida. Para pasar un momento de juegos con sus perros, le presenté a varios de los míos, un trío de collies de pelo largo juguetones y consentidos. Entre carreras, lametones, brincos y sacudidas, ella y yo platicábamos, mientras nuestros niños disfrutaban de un rato de intensa diversión. Ella me comentó que conocía otra collie, que estaba disponible en adopción en el sitio de AdoptaUnAmigo. No le dí mayor importancia y al poco rato nos despedimos. Pero pocas horas después me dispuse a revisar mi correo electrónico y mis páginas de internet favoritas, cuando recordé el suceso y decidí dar una miradita para ver si me encontraba con la perrita collie. Y ahí estaba ella. Ahí estaba su foto, y una pizca de su historia, que aún ahora es casi todo lo que sé de ella. Y en es instante perdí toda mi tranquilidad. ¿Hubo algún tipo de química? ¿Fue mi gran pasión por los collies o fue la expresión de su cara? ¿Fue su gran similitud con Meggie, una de mis pequeñas, o fue su conmovedor y triste pasado? No tengo idea, pero no pude quitarla de mi mente.

Adoptar un perro implica mucho compromiso. Los perros piden muy poco y dan mucho a cambio, muchísimo, dan toda su vida. Pero es indispensable estar seguros de que un perrito puede vivir unos 10-15 años en promedio, y que es muy importante formar con ellos un lazo firme, una relación permanente, y poder asegurarles un futuro prometedor para toda su vida. Así que no podía tomar ninguna decisión inmediata.

Pero tampoco podía olvidarla. Cada vez que abrazaba a uno de mis niños, la imaginaba echada en una fría jaula. Creía ver su andar errático en la calle, las patadas que quizá recibió alguna vez...el desprecio con el que la miraron. La vida en la calle es dura, y hay que soportar el hambre, el frío, la tristeza y la incertidumbre. Pero Luchita había sido rescatada. Luchita ya no iba a morir atropellada, o golpeada..o mordida. Ya no la iban a encontrar en un tiradero muerta de hambre, ni destrozada por gente cruel, ni atacada por voraces parásitos. Luchita llevaba 4 años en un refugio.

Decidí hacerme cargo de Luchita a manera de hogar temporal, ya que parecía una salida justa. Tendría la posibilidad de encontrar una buena casa, y mientras yo podría dormir tranquila una vez más. Me la trajeron un sábado en la mañana. Contrariamente a la idea que muchas veces tiene la gente de los perritos en adopción, no era una perrita flaca, ni desdeñosa, ni pulgosa. Más bien era cariñosa, algo gordita, y no aparentaba estar nada enferma. Me pareció muy hermosa, con su abundante pelo largo y esponjado, y su expresión tan tierna y dulce......... y unas bolas de pelo sucio, muy muy sucio, que ameritaban una buena bañada.

Un par de horas y 3 baños después, apareció la verdadera Luchita. Y dos días más tarde, nadie hubiera imaginado que no la había tenido yo desde cachorrita. Como era de esperarse, la idea del hogar temporal no sobrevivió mucho tiempo, y después de algo de planeación, decidimos que tenía que formar parte definitiva de nuestra gran familia. Todos la aceptaron de maravilla, y ahora la respetan como jefa de la manada...así que aquí estamos ahora. Mi niña echada a mis pies, tan increíblemente dócil, y yo escribiendo el inicio de su nueva historia, con una taza de café en la mano.

Sé que nunca podré agradecer de manera suficiente todo lo que recibí al abrirle las puertas de mi casa y de mi corazón. Sé que tenemos todo un camino por delante, en el que iré conociéndola más y aprenderemos mucho juntas. No sé cuanta vida podremos compartir, pero el tiempo que tengamos, estoy decidida a aprovecharlo y a disfrutarlo, y a recordarlo siempre. Por ahora, dejaré que mis dedos recorran su piel hasta que vea que duerme tranquila, y yo también me dormiré pensando en la fortuna de haberla conocido.

Biól. Alejandra Pardo Menéndez