Quisiera compartir contigo lo que fue para mi y mi familia el privilegio de haber vivido un
tiempo en compañía de “LUNA” (nuestra querida “LUNA”)
Adoptamos a esta hermosa hembra de pastor alemán bajo circunstancias muy especiales, ya que
como suele suceder, el destino nos da y nos quita a cada momento y a veces de la forma más
inesperada.
A mediados del año 2003 conocí a Alejandra Vega y supe de su ardua tarea de rescatar del
sufrimiento a estos “ángeles de cuatro patas” que a muchos nos han llenado de incontables
momentos de felicidad, a cambio tan solo, de una caricia.
La historia de LUNA antes de su llegada a nuestro hogar, como en la mayoría de estos casos
son en gran medida especulaciones y/o suposiciones, ya que a ella la encuentran herida,
algunos días después de haber parido. De su prole nunca se supo, ya que dada su condición
lamentablemente no fue posible localizarla. De ella, sus antecedentes de desarrollo físico y
algunas huellas indelebles de enfermedades pasadas revelaron que al menos fue sobreviviente
de moquillo (y posiblemente de otras afecciones), que a la postre resultan de utilidad para otros
perros enfermos (como donadora de sangre para la extracción del valioso plasma específico) y
adversamente por el detrimento de su salud ya como perro adulto.
En el año 2008, su veterinario después de realizar varios análisis y otros estudios, detecta
algunas irregularidades cardiacas, por lo que se ve sometida a la restricción de su actividad
física (muy a su pesar, ya que fue incansable en el juego) y con medicación “de por vida”.
Más adelante, ya en el 2010, su padecimiento cardiaco se ve complicado con deficiencias
hepática y renal, lo que finalmente vence su fatigado corazón la noche del 12 de julio a una edad
aproximada de entre 9 y 10 años.
Hasta aquí pudiera parecer una narración muy fría. Sin embargo, prefiero terminar esta
historia más amablemente. Quiero hablar ahora de lo que la presencia de LUNA significó para
nosotros…Imagina que llega a tu familia un miembro más y que éste se encuentra vulnerable,
ya que independientemente de su salud física, le aquejan otras experiencias (en su mayoría
negativas), abandono, soledad, tristeza, temor, maltrato, hambre, etc…
El periodo de adaptación de LUNA a su nueva “familia” (debería decir nueva “manada”) fue
bastante rápido, seguro de que así haya sido, gracias a los cuidados, atención y sobretodo
al inmenso amor que le brindó Ale, antes de que se decidiera su adopción, lo que fue para
nosotros el prólogo de una historia interminable de aprendizaje de lealtad y amor incondicional,
compañía y protección de “su hogar” y “los suyos”, alegría diaria y (aunque para algunos
pudiera parecer imposible), comprensión.
LUNA tenía el DON del equilibrio, ese tipo de “energía” que permite la paz y el sosiego en su
entorno, puesto a prueba una y otra vez con otros animales y personas. Nos permitió reconocer
a muchos de nosotros en la vida cotidiana nuestras fuerzas y debilidades individuales y (lo
digo por mí), cómo hacer uso de ellas para templar nuestro espíritu y buscar nuestro propio
equilibrio.
Nuestros sentimientos hoy son ambivalentes, estamos tristes por la pérdida que representa la
ausencia de LUNA, felices de haber tenido la oportunidad de acumular miles de experiencias en
su compañía. Agradecidos con el Universo, con Alejandra y la institución a la que pertenece… y
por supuesto con nuestra querida LUNA a quien siempre recordaremos con inmenso amor.
¡Gracias LUNA!
Familia Quintanar Aceves.
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