| LA
HISTORIA DE SIMON
por Giselle López

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase “el
perro es le mejor amigo del hombre”?
Y talvez no debería limitarme a decir únicamente los perros,
sino todos los animales.
¿Qué significa tener una mascota?
Para mi es tener un compañero que se divierte jugando conmigo,
que me acompaña y que me brinda alegría, seguridad, tranquilidad.
Alguien que cuando llegamos a casa nos recibe ya sea moviéndonos
la cola o caminando entre nuestras piernas. Una mascota es o debería
ser alegría, responsabilidad, compromiso, cariño y compañía.
Cuando mi familia y yo decidimos adquirir a Simón,
fue con plena conciencia de lo que significaba; atenderlo, mantener limpio
el lugar donde estuviera y limpiar donde el también pudiera ensuciar,
alimentarlo, jugar con él y pasearlo, ser responsable de su instinto,
pero sobretodo que estuviera sano, en pocas palabras, formaría
parte de un miembro más de mi familia y así fue.
Gracias a él conocí a muchas personas, pude convivir más
con mis vecinos, conocerlos mejor y aprender más de la gente. Sin
embargo, toda esta alegría terminó para toda mi familia
y para mí hace un año. Al escribir esto, lo hago para hacer
reflexionar tanto a las personas que comparten conmigo este concepto de
mascota, como para los que se encargan de la salud de nuestros fieles
compañeros.
Desafortunadamente pudiera ser que la historia de Simón no sea
la única, ni la primera, en donde en mi caso yo confié la
salud de mi perro en la “supuesta” preparación y conocimientos
de una persona que hasta ahora continúa dando consultas como médico
veterinario en la zona de Satélite, Juan
Carlos Ojeda.
Mi perro constantemente presentaba náuseas y anorexia por lo que
cada que sucedía esto yo acudía con este “veterinario”,
él jamás pudo detectar qué era lo que ocurría
con mi perro, únicamente se la pasaba desparasitándolo,
pero fue hasta que finalmente en mi desesperación llegué
con un verdadero veterinario que le diagnosticó insuficiencia renal
a Simón. Desgraciadamente para el momento en que acudí con
este médico mi perro estaba muriendo, sus riñones ya no
estaban funcionando. Fue un fin de semana que nos dejó mucho dolor,
desesperación, frustración, aprendizaje y sorpresa ya que
me enteré que el ex “veterinario” de Simón no
es una persona titulada y mucho menos con una cédula profesional.
Por lo que debido a la incompetencia y falta de ética de esta persona
perdí tempranamente a mi mascota, mi compañero.
Esta vivencia me dejó mucho, pero lo más importante la necesidad
de transmitir nuestro derecho como clientes a estar seguros de que a quien
estamos confiando la salud de los animales tenga un titulo profesional
que ampare su acreditación. Ya que me pregunto
¿cuántas personas habrá que se autocalifican como
“profesionales” y deciden instalar sus negocios sin ningún
papel y autoridad que avale su competencia profesional? Pasando
por alto la importancia de la profesión y la ética, ya que
en este caso, no por ser animales signifique que son menos importantes
o que no pueden afectar las emociones de los dueños.
Finalmente, la única sugerencia que puedo transmitir después
de mi experiencia, es asegurarse de que los médicos que ustedes
visiten tengan de manera visible un título profesional
y cédula profesional, y si esta no estuviera de manera
visible no dudar en solicitarla ya que es nuestro derecho, y tener la
suerte de estar asistiendo con una persona ética.
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